Y puedo volverme espuma y serpentear buscando la frontera imprecisa de nuestros cuerpos.

Y puedo consentir que las cinturas se acomoden y se engarcen, y abandonarme al desahogo de tus brazos que dejan caer sus manos sobre mí.
¿Por qué el silencio trueca a verde plata y regresa el tintineo de lejanos cristales?
¿Por qué se ofuscan, abusadores, los enigmas del pasado y se conjuran en desasosiego?
¿Por qué entonces se oscurecen los sonidos de la tarde en la piel? Luz Cassino
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